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El caso del Río Atrato. Una mirada jurídica acerca de los derechos de la naturaleza

El caso del Río Atrato. Una mirada jurídica acerca de los derechos de la naturaleza

Artículo originalmente publicado en United Nations Harmony with Nature Initiative

Por: Hugo Echeverría LL.M., Abogado ambiental - Ecuador[1]

¨…la justicia con la naturaleza debe ser aplicada más allá del escenario humano y debe permitir que la Naturaleza pueda ser sujeto de derechos. Bajo esta comprensión es que la Sala considera necesario dar un paso adelante en la jurisprudencia hacia la protección constitucional de una de nuestras fuentes de biodiversidad más importantes: el río Atrato¨.

Corte Constitucional de Colombia. Sala Sexta de Revisión. Sentencia T-622 de 2016

 

Hace pocos meses, la Sala Sexta de Revisión de la Corte Constitucional de Colombia sorprendió al mundo, al reconocer al río Atrato, su cuenca y afluentes como una entidad sujeto de derechos.

Un caso complejo

Esta decisión fue adoptada al dictar sentencia en un complejo caso sobre minería ilegal, cuya escala, intensidad y duración ocasionaron una grave crisis humanitaria y ambiental en el Chocó colombiano. En este caso, la Corte declaró la existencia de una grave vulneración de los derechos fundamentales a la vida, a la salud, al agua, a la seguridad alimentaria, al medio ambiente sano, a la cultura y al territorio de las comunidades que habitan la cuenca del río Atrato y sus afluentes.

Esta cuenca hidrográfica está ubicada en el Chocó biogeográfico, una de las regiones más biodiversas del planeta, que es hogar de medio millón de habitantes.  

Avanzar en la interpretación constitucional

La sentencia aborda varios aspectos sustantivos del derecho ambiental, particularmente aquellos relativos a su efectividad. La Corte señala, con preocupación, que las disposiciones legales que propenden por la protección ambiental han perdido su efecto vinculante y se han convertido en lo que la doctrina ha calificado como la eficacia simbólica del derecho. En tal virtud, la Corte sostiene que, ante el actual deterioro ambiental, es preciso adoptar medidas que se muestren serias y más estrictas para con la protección de la Naturaleza[2]:  

para la Sala resulta necesario avanzar en la interpretación del derecho aplicable y en las formas de protección de los derechos fundamentales y sus sujetos, debido al gran grado de degradación y amenaza en que encontró a la cuenca del río Atrato (Fundamento 9.28).

Dice la Corte que el desafío más grande que tiene el constitucionalismo contemporáneo en materia ambiental es la salvaguarda y protección efectiva de la Naturaleza. En tal virtud, toma una decisión extraordinaria, en el sentido literal de la palabra. Una decisión que trasciende la perspectiva jurídica prevaleciente; una decisión fundamentada en un enfoque ecocéntrico y de bioculturalidad:

 la justicia con la naturaleza debe ser aplicada más allá del escenario humano y debe permitir que la naturaleza pueda ser sujeto de derechos. Bajo esta comprensión es que la Sala considera necesario dar un paso adelante en la jurisprudencia hacia la protección constitucional de una de nuestras fuentes de biodiversidad más importantes: el río Atrato (Fundamento 9.31).

¿Objeto o sujeto?

Al examinar esta sentencia surge una interrogante, que muchos juristas plantearán: ¿pudo este caso resolverse bajo la perspectiva jurídica clásica, del ambiente como un objeto jurídico protegido? La respuesta, sin duda, será afirmativa. El derecho ambiental, tal y como lo conocemos hoy, provee los principios y las reglas para resolver un caso sobre los efectos socioambientales de la minería ilegal en una cuenca hidrográfica. Entonces, surge una segunda interrogante: ¿por qué este caso fue resuelto desde otra perspectiva, aquella que considera a la Naturaleza como sujeto de derechos? La Corte ha dado sus razones: el alto grado de degradación ambiental del río; la ‘eficacia simbólica’ de las disposiciones legales ambientales; y la necesaria evolución normativa para adaptarla a nuevos desafíos constitucionales.

En este marco, surge una pregunta ulterior: el reconocimiento del río Atrato como un sujeto de derechos: ¿marcará la diferencia en cuanto a lograr la anhelada tutela jurídica efectiva? ¿Se logrará la descontaminación del río y la restauración de su cuenca? La Corte ha dictado órdenes concretas al respecto, por lo que sólo el tiempo ofrecerá una respuesta.

Debate

Sin duda, la declaratoria de un río como sujeto de derechos puede considerarse como una novedad jurídica. Para muchos, tal declaratoria constituirá una innovación de los principios y reglas jurídicas. De hecho, este sería el planteamiento de la Corte. Otros, por su parte, no la considerarán así; y, tampoco estarán de acuerdo con el enfoque ecocéntrico ni biocultural adoptado por la Corte. Sostendrán que tal declaratoria fue innecesaria y hasta improcedente.

Independientemente del criterio que se pueda tener sobre este tema, no cabe duda que esta sentencia ha aportado elementos sustanciales a la teoría jurídica; y, por ello, será doctrina judicial de ineludible referencia. 

El futuro del derecho ambiental

Al leer -y releer- la sentencia, emerge la noción de transición; de una mudanza en el enfoque jurídico (antropocéntrico, biocéntrico, ecocéntrico); y, también, de una mudanza en la interpretación de la norma. Desde esta perspectiva, la sentencia nos ofrece una interesante mirada al futuro del derecho ambiental; o, si se quiere, una proyección del derecho del futuro; de un tiempo futuro más próximo de lo que creemos, pues los daños a la Naturaleza no sólo que no cesan, sino que aumentan en intensidad.

La sentencia de la Corte Constitucional de Colombia es bienvenida, pues aporta elementos que enriquecen el análisis jurídico de los derechos de la Naturaleza. Como toda manifestación emergente, los derechos de la Naturaleza enfrentan férrea oposición, incluso en aquellos países que los han reconocido formalmente. De allí que los fundamentos de la decisión de la Corte contribuirán a un debate sólido y serio sobre un tema que marcará la ruta del derecho ambiental en el Siglo XXI.

Reflexión final

Para finalizar, es importante recordar que esta sentencia no es la única que ha sido expedida en el sentido de declarar a un río como sujeto de derechos. Hace poco, una Corte de la India dictó sentencia en similar sentido (ríos Ganges y Yamuna ). Lo mismo ocurrió en Ecuador, hace algunos años (río Vilcabamba)[3].

No obstante, la sentencia dictada por la Sala Sexta de la Corte Constitucional de Colombia es significativa porque proviene del máximo órgano de control constitucional del país sudamericano; que, además, goza de alto prestigio en esa región.

Esta sentencia ha sentado un importante precedente; no sólo en Colombia sino en el mundo.


[2] Naturaleza debería escribirse con mayúscula, reconociendo así su personalidad inherente.

[3] Los derechos de la Naturaleza están siendo cada vez más otorgados no sólo por los jueces, sino también por el legislador. Por ejemplo, en Nueva Zelanda, fue la legislatura la que reconoció al río Whanganui como sujeto de derecho.


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