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Cuando las Cortes conocen a la naturaleza en un caso real de derecho de la naturaleza

 

Por Hugo Echeverría

Artículo originalmente publicado en Vermont Journal of Environmental Law

Un caso sui Generis

Ocurrió en Ecuador, entre 2012 y 2015.

Ocurrió en una zona remota y fronteriza; una zona marcada por conflictos socioambientales, en la que la aplicación de la ley constituye un desafío diario.

Allí, en una corte de justicia ecuatoriana se discutía un caso sui generis: la permanencia de una camaronera dentro de un área natural protegida. Para ser exactos, la camaronera estaba instalada dentro de la reserva ecológica Cayapas-Mataje, que alberga los manglares más altos del mundo: manglares que alcanzan sesenta metros de alto.

En Ecuador hay 161.835 hectáreas de manglar, que se encuentran en cinco zonas estuarinas, incluida la de Cayapas-Mataje, en el noroeste del país. De hecho, la declaratoria de la reserva ecológica, de 51.300 hectáreas de extensión, se fundamentó en la protección de este ecosistema.

A pesar del relevante argumento ambiental, en aquella corte de justicia se discutió acerca de derechos adquiridos; esto es, si la camaronera se instaló antes o después de la declaratoria de la reserva ecológica, en 1995: la discusión de fondo se centró en la relación que debía hacerse entre el derecho a la propiedad de la camaronera y el deber de protección de la reserva ecológica y de los manglares.

En 2015, el caso llegó hasta la máxima corte de justicia constitucional del país. Hasta entonces, el argumento de la protección de la reserva ecológica no había sido considerado por los tribunales inferiores. Esto, a pesar de que el Ecuador reconoce derechos constitucionales a la Naturaleza.

Ecosistemas frágiles

En Ecuador los manglares son considerados como ecosistemas frágiles. Tal consideración está prevista -ni más ni menos- que en la Constitución. Esto significa que los manglares deben ser protegidos por el Estado ecuatoriano y deben ser conservados por los ciudadanos. La consideración constitucional de los manglares como ecosistemas frágiles es consecuencia de una política ambiental orientada a la protección de este ecosistema ante la expansión de la industria camaronera. La máxima expresión de esta situación tuvo lugar a inicios de los años noventa, cuando la ley ecuatoriana dispuso que todos los manglares, aun aquellos existentes en propiedades particulares, quedaran fuera del comercio y no sean susceptibles de apropiación. Esta disposición está vigente hasta la presente fecha.

Derechos de la naturaleza

La Constitución del Ecuador también reconoce a la Naturaleza como sujeto de derechos. Este reconocimiento, que data del año 2008, ha sido de difícil integración jurídica; y, sobre todo, de compleja aplicación práctica pues la naturaleza ha sido tradicionalmente considerada como un objeto; y, más específicamente, como un recurso.

En tal virtud, la naturaleza nunca tuvo voz en las cortes de justicia; ni siquiera con el advenimiento del derecho ambiental que propugnó su protección, en tanto bien jurídico.

No obstante, en este caso se dio un giro de proporciones copernicanas, motivado por el reconocimiento de la naturaleza como sujeto de derechos constitucionales.

La naturaleza como sujeto de derechos

La Corte Constitucional del Ecuador revisó el caso y determinó que, en instancias inferiores, había sido resuelto exclusivamente en función del derecho a la propiedad, excluyendo a los derechos de la naturaleza del razonamiento judicial.

Tomando en cuenta que, en Ecuador, todos los derechos constitucionales son de igual significación jurídica, la Corte resaltó que resultaba ¨extraño que escapara al razonamiento judicial … los significativos impactos ambientales que generan las camaroneras en ecosistemas frágiles, tales como las zonas protegidas con ecosistema manglar…¨.

A partir de esta consideración la Corte anotó:

¨Esta Corte Constitucional ha sido enfática al señalar la importancia de los derechos de la naturaleza que derivan en la obligación del Estado y sus funcionarios de incentivar y promover el respeto a todos los elementos que forman parte de un ecosistema, y el derecho a que se respete a la naturaleza en su integralidad. Aspecto que evidentemente no ha sido observado … dentro de un proceso en que la cuestión central constituía la conservación o no [sic] de una camaronera dentro de la Reserva Ecológica Cayapas-Mataje, esta última poseedora de un sistema de manglar con gran diversidad de especies de fauna y flora¨.

La Corte Constitución sentenció que el caso debía ser nuevamente analizado, esta vez de manera integral, examinado los derechos de la naturaleza.

De esta manera, se sentó un importante precedente, que no solamente servirá de orientación para casos relativos al manglar, sino a todos los relacionados con la gestión de áreas naturales protegidas y otros ecosistemas frágiles.

Acceso a la justicia

A poco tiempo de la expedición de esta sentencia, se promulgó una nueva ley que reconoce a la Naturaleza como sujeto procesal. La misma ley señala que la Naturaleza ser representada en juicio por cualquier persona, o por el Ombudsman.

Se trata de una disposición que promueve el acceso a la justicia en una materia que está emergiendo con fuerza, no solamente en el Ecuador sino en todo el mundo, como demuestran los casos del río Atrato, en Colombia; y el río Ganges, en India. A estos casos, nos referiremos en una segunda entrega.

¨Shoul trees have standing¨

En los años setenta surgió este interesante planteamiento del profesor Cristopher Stone, en el marco de un caso emblemático. Para buena fortuna; y por más extraño que parezca, hoy se puede afirmar que, en Ecuador, la Naturaleza tiene legitimación (standing); y, de hecho, los árboles de mangle han tenido su día en la corte … y han ganado el caso.

*Para acceder al texto íntegro de la sentencia, hacer clic en este hipervínculo.

* Para acceder al artículo original, hacer clic en WHEN COURTS MEET NATURE: A REAL CASE ON RIGHTS OF NATURE.



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